miércoles, 30 de diciembre de 2020

Una Entrevista con Adriana Tafoya


 

Por Benny Galeana

 

 

 ¿Qué le ofrece la poesía a la creadora Adriana Tafoya para crear una vida con propósito, en vez de vivir la vida por necesidad, soportando la crisis existencial que padece el mundo actualmente?

 

Me ofrece la oportunidad de proponer y de crear. Lo que propongo a través de la escritura y el proyecto, es una poética de "conflicto", que provoque diferentes reacciones en el lector, para que de esta forma lo inste a la crítica, la opinión, la reflexión, pues considero es la mejor manera de dialogar con el lector y el escucha de poesía. Es tácito en mi trabajo poético, el compromiso y la responsabilidad social que ejecuto a través de éste, porque "el arte por el arte", considero es una barbaridad, sobre todo en este tiempo.

 

     ¿De qué manera se presentó en tu vida el reino de la poesía con el ejercicio creativo de escribir con carácter franco tu primer poema, como si brotara un fruto dulce en la fiesta del verano?

 

Se presentó en lo solitario en el contexto de mi niñez, pues una gran parte de mis primeros años, los tuve recluidos en las habitaciones de la casa de mi abuela materna, donde la única manera de salir, de viajar y vivir era leyendo. Ahora pienso que sigue siendo el camino más hermoso y viable para el viaje. Ya de los poetas que dejaron huella en mi adolescencia, puedo mencionar a Enrique González Martínez principalmente.

 

     ¿Qué lecturas nutrieron la escritura de tu primer libro Animales Seniles, por qué escogiste ese nombre, qué recursos utilizaste para concebir armonía y estética en el verso, hubo referentes para contar una historia como la anécdota?

 

Ahora no recuerdo que lecturas nutrieron este libro, pero sí recuerdo un contexto de fuerte "inspiración", de un poderoso deseo de crear una estética "propia", de cuestionar qué era realmente la vejez, no solo la física, sino la ideológica. También de crear versos que en su individualidad tuvieran solidez y objetivo.

 

      ¿Qué manías tiene Adriana Tafoya de poeta, cómo estructuras tus poemas y cómo trabajas las rimas, así como la metáfora, el símil, la comparación, la hipérbole...?

 

     Utilizo varios recursos poéticos, pues considero no están "pasados de moda" como algunos lectores, incluso poetas suelen decir sin reflexión alguna. Supongo que les es más cómodo, por no decir fácil, recurrir a la prosa o mejor dicho al mero recurso narrativo y no "quebrarse la cabeza de más", tratando de crear con los versos de un poema, una sinestesia, una imagen, un símil, es más; una metáfora.

Aparte del rigor, tengo algunas manías, mejor dicho "obsesiones". Para escribir un libro de poemas, suelo definir el tema de antemano, y sujetar a éste varios otros subtemas. Posteriormente defino los recursos estéticos en que se sustentará la obra. También escribo un glosario de las palabras que considero más pertinentes para los textos. Luego me doy a la tarea de los "apuntes al azar", me refiero a que toda idea, frase o verso que me venga a la mente y piense que me pueda funcionar, tomo nota y la guardo para ver si puede ser integrada en el futuro a la estructura de algún poema en ciernes. Procuro que en todo momento los códigos o símbolos incluidos, no se contradigan entre sí, a menos que la intensión sea causar esa transgresión o nulidad.

Al final de todo esto, lo que persigo en el poema, es ese efecto que de puerta a la parte más blanda y emocional del lector. Algo que me es importante mencionar, es que nunca paso por alto cómo se escucha el poema leído en voz alta.

 

 

¿Cómo le resultan beneficiosas las influencias de diversos poetas a Adriana Tafoya cuando se sienta a escribir un poema, cómo descubrió su propia voz en el río musical y armónico de la poesía?

 

Las voces de algunos poetas me han resultado beneficiosas a medida de su aporte ideológico-filosófico pues a mi criterio, un poeta debe en muchos sentidos ser un pensador, un intelectual, no un ente escribe versos.

 Algunos de los poetas que para mí llenan estos requisitos son  Juana Inés de la Cruz, Enrique González Martínez, Enrique González Rojo Arthur, Gabriel Said, Rosario Castellanos, Ikram Antaki, León Felipe, Fernando Pessoa. Los menciono como la memoria me lo permite, pero desde luego hay algunos más que están guardados ahora en la capa del subconsciente y la pluma. Estas lecturas naturalmente me encausaron a buscar una voz y, esa voz es el conocimiento de mi personalidad de los detalles que me diferencian como individuo.

 

      ¿Qué es lo más gratificante para ti, el hecho de escribir poesía, dar recitales, promover a los nuevos talentos de la pluma y el papel, futuros autores que atravesarán el umbral de lo cotidiano para convertirse en extraordinarios escritores?

 

Todo lo mencionado en esta pregunta me da profunda satisfacción, pues considero parte de mi responsabilidad social, promover a nuevos talentos y más aún, fomentar el gusto por leer poesía en un país donde por desgracia, es el género más relegado.

 También, por supuesto disfruto muchísimo mi faceta de creadora, escribir me condujo a todo lo demás; producir una revista, fundar una editorial y después dar vida al Torneo de Poesía Adversario en el Cuadrilátero, entre otros muchos proyectos ahora realizados y otros por realizar, entre ellos la preparación de un nuevo libro de poesía.

 

 

 

 

     Ahora, hablemos de tu faceta como editora, ¿Cómo surge en Adriana Tafoya la idea de convertirse en editora y fundar su propia editorial?

 

  El comienzo se dio en 2004, cuando fundé junto con otros colaboradores la revista Verso destierro, para dar lugar a poetas del surgimiento con marcada tendencia a la poética con contenido, encaminada a la reflexión y al conocimiento. El lema de Verso Destierro desde entonces ha sido; poesía para evolucionarte y ser. 

Posteriormente en 2006 se inaugura la editorial,  pues la necesidad propia y de otros escritores por promover la poesía como genero amado, a sido un motor voluntarioso que a dado fuerza a todo lo demás.

 

       ¿Cómo se promueve la figura de un poeta -hombre o mujer- en el mercado editorial, cuando este todavía no goza de fama alguna, por dónde se empieza a manejar su imagen para que el lector lo identifique y adquiera su material literario?

      

En mi experiencia, lo ideal es que antes de cualquier cosa, se debe tener una obra sustentable, pues si no hay suficiente calidad en la escritura, todos los esfuerzos (me refiero a publicaciones, presentaciones, encuentros, viajes, giras, fundación de antologías, etc.) serán en vano. Pienso, no se debe olvidar que antes de trabajar el nombre, se deben trabajar los poemas.

Ya al tener cierta certeza de la obra, solo entonces podemos hablar de la edición de un primer libro, (esto con la debida asesoría de un editor), de su difusión, de la gran cantidad de recitales y encuentros a los que se debe asistir para ser escuchado. También es de vital importancia publicar en diversas revistas y toda clase de plataformas para empezar a ser ubicado tanto por lectores como por colegas. De ahí nace la posibilidad de que el nuevo autor pueda ser tomado en cuenta en algunas antologías, por ejemplo. Debe tomarse en cuenta que es un proceso largo, un trabajo de mucha perseverancia de parte del autor. El editor pondrá a disposición lo que esté a su alcance, pero si el poeta o narrador no está consciente de que en cada lectura o recital debe dar lo mejor de él, su momento en la luz se apagará rápidamente. También si no tiene una buena lectura de su trabajo en voz alta, comenzará a matar su obra antes de crecer. Como se puede leer aquí, no todo es escribir, también es muy importante leer bien, al menos tener una buena dicción. Es perturbador escuchar a escritores que según dicen ser amantes de las letras y desear promover la lectura, cuando ellos mismos no son un ejemplo a seguir. Aun así, con lo ya comentado aquí, tener un nombre va a llevar muchos años de esfuerzo para el escritor.

 

       En tu caso, siendo una destacada editora, ¿cuáles son los pasos que deben seguir puntualmente los poetas que tienen el sueño dorado de publicar su obra en Verso Destierro?

 

       Como comenté anteriormente, se debe tener un libro preparado ya con una rigurosa corrección. Éste con una propuesta atractiva para la editorial. Saber leer en público su obra poética. Por otra parte, la editorial saca dos convocatorias para editar; una de ellas sale cada fin de año para los interesados en participar en el Torneo de Poesía Adversario en el Cuadrilátero. La otra se publica cada dos años; me refiero al Premio Latinoamericano de poesía Transgresora.

 

 

       ¿Qué eventos literarios organiza editorial Verso Destierro para dar a conocer sus autores de poesía y en qué lugares se efectúan?

 

 Como ya comenté, contamos con un par de certámenes, pero también realizamos un ciclo de lecturas nombramos "Miércoles Itinerantes de Poesía", que se realiza casi todo el año en diferentes recintos de la Ciudad de México. Los demás eventos consisten en presentaciones, conferencias, debates y recitales para dar a conocer a nuestros autores y a la editorial.

 

       ¿Cómo se llamará tu nuevo libro de poesía y qué cometido tendrá en la vida del lector?

 

Mi próximo libro de poesía tiene como intensión llamarse  Huevo Moteado. El cometido como todo libro, será una sorpresa en el mundo interior de cada lector.

 

martes, 29 de diciembre de 2020

Reseña sobre "Animales Seniles"; libro de Adriana Tafoya


 

Por Refugio Perreida

 

Animales Seniles es un poemario en el que la autora camina sobre el final de los senderos por los que andan los seres vivos, se rodea de viejas perras, del colibrí desplumándose, del perro gordo y pelón, de los cascarones envenenados, las mariposas destrozadas, la piel de perro en el sillón, las canosas libélulas, los siniestros cisnes, las arañas viudas o de una gata vieja.

Toda esa zoología se reúne en el “jardín secreto” donde aún existe un manantial de aguas poco a poco enlodadas, pero donde todavía crecen frutos que estallan con los roces táctiles, con las penetradas floras, con los humedecidos velos de una fronda.

La experiencia de estos personajes nos habla de mundos con tierras de sangre seca, de esos lugares en los que se experimenta la muerte una y otra vez por medio de la sensualidad. Eros en este casi llegar al abismo es un escalón que seduce, que nos arrebata.

Animales Seniles es un libro que nos recuerda que todo ser tiene que pisar el umbral y el despeñadero, pero entre tanto, antes de que llegue la muerte, justo antes, se tiene la mesa servida para el disfrute de la carne y sus tremores. Incluso nos abre puerta a la angustia de ver que el erotismo nos pertenece aun cuando estamos enfrente de un muro que “se baña de veneno/ en sonidos bajos/ en lo que no se ve”, en donde esa infancia permanente que es la pasión, se estrella contra una pared, contra un obstáculo que se cifra en la fragilidad de los huesos, la piel de la hojarasca o la dificultad para el movimiento.

Cada uno de estos 20 animales seniles tiene una luz tejida con claridad, como la red de un bozal puesto a esa fiera tan escandalosa, que nos hace volver la mirada hacia ella porque sabemos perfectamente que se está dirigiendo a nosotros.

Como lectora fue un regocijo atisbar por la fisura de cada verso y encontrarme que están colocados con la armonía de una enredadera a veces violenta y descarada, a veces como trozos de frescas hojas entre los labios. La antítesis a la que recurre Adriana constantemente, es un cuenco para mirar la desnudez primera y el tacto conocedor de lo exquisito.

Pero, los animales seniles no solo se despojan de sus velludos gatos enroscados; se acarician más que las encarnadas gardenias, a decir de Adriana Tafoya “la última desnudez es trascender los sentidos”.

Algunas de estas bestias resultan ser nuestros vecinos, esos que día a día vemos frente al espejo. Pero, otras nos recuerdan a aquellos seres mitológicos o de leyenda como el Narciso, el cual es objeto de burla de la poeta, ya que al ser tan hermoso no pudo advertir que además del esplendor superficial que emanaba, tenía las posibilidades de amar y compartir, lo cual podía haberlo hecho más grande. Al contrario, la vanidad lo fue convirtiendo tan pequeño hasta caber en una caja de cartón.

Yocasta y Edipo, Onan y Thamar, Susana y los viejos, se ven representados sutilmente con el lenguaje de la sensualidad, con esa filosa tierra de poemas con la que borda este libro jugoso de terciopelo.

Hermoso pues, es este ejemplar que incluye ilustraciones con trazos frescos y contundentes, con un movimiento apenas perceptible pero irrenunciable. Felicidades a Luis Alanís por su aporte a este poemario y para Adriana Tafoya mi envidia por el manejo del lenguaje puntiagudo, igual que suele ser ella.

Este libro brincará ante el lector que lo abra por primera por segunda y cada vez que lo tenga frente a sus ojos y sus efluvios.

 

Octubre de 2005.

lunes, 28 de diciembre de 2020

“Animales Seniles”, ópera prima de Adriana Tafoya

 


Por Max Rojas


Uno acaba cadáver sin remedio alguno y en cualquier momento. Sin aviso, sin toques de campana o tiempo de correr a la cantina y echarse los últimos mexcales antes de emprender el viaje. Uno nace con su raya fijada en algún punto del futuro, y hasta ahí se llega. Uno se baja –o es bajado, en muchas ocasiones—del camión y se diluye en sombras. Uno acaba y, al acabar uno, todo acaba. Los cuerpos y las cosas, las ideas y las buenas o las malas aventuras, los amigos y los libros, el café y los cigarrillos. Todo acaba.

Dicen por ahí que la muerte es lo único parejo que lo único que hace tabla rasa empareja a todos. Pero, es falso. Hay muertes dignas y muertes humillantes, muertes absurdas que llegan demasiado pronto y con modales de asesino despiadado y muertes que se tardan demasiado en llevarse a ciertos personajes y librarnos de ellos.

No se elige. O, como decía un filósofo alemán del siglo pasado, “Nadie puede quitarle a otro su morir”, pero tampoco es dable elegir el tiempo y la manera de la propia muerte. Salvo los suicidas, claro. Pero, en la inmensa mayoría de los casos, el suicidio no es sino una escapatoria falsa y no un acto de –en verdad—morirse de su propia muerte.

Sí hay, sin embargo –y me contradigo un tanto--, como antesalas que señalan la cada vez mayor proximidad de la señora muerte. El desvencije de los cuerpos y las almas, la entrada en lo caduco, ese proceso largo y desgastante y cruel en que se aún se está en este mundo así sea malamente, pero ya no se está en él del todo. Animales Seniles, pues, como titula Adriana Tafoya a éste, su primer libro de poemas. Como morir a cuentagotas y, de contra, morir sin muchas ganas de tener que hacerlo.

¿Cómo llamar a una poesía que nos golpea y nos desuella, levanta ámpulas, abre cicatrices que nunca van a cerrarse, una poesía dura, que flagela, inmisericorde y, sin embargo, está llena –y nos impregna—de una ternura desolada?

Una alondra con púas o un erizo cubierto por una gruesa capa de musgo humedecido. No se me ocurren otras imágenes para ubicar (y ubicarme yo, al mismo tiempo), ante este libro de Adriana que me atrae y repele, al mismo tiempo, fascina y horroriza como un desfile de espectros en medio de las furias de la noche. Un conjunto de sombras, entre grotescas y terribles, lastimeras y lastimantes que se arrastran o bailan o fornican y aman entre luces lívidas, relámpagos oscuros.

 

Sólo al poeta –y Adriana Tafoya lo es, sin duda alguna--, le es dado inventar mundos y recrear universos. Como los magos, el poeta –la poeta--, se saca las palabras del sombrero y las convierte en fuegos fulgurantes, incendios que nos queman o nos salvan de morir ahogados en la chatura de una vida que carece de horizontes y lo gris domina y oscurece todo. El poeta logra, sin embargo, y lo logra Adriana, y hace que lo sórdido nos muestre su faz radiante, su rostro más amable, así sea el fulgor de un foco malicento o al través del vidrio de una botella de cerveza.

Todos vamos, de un modo irremediable, para seniles animales, ilustres vejestorios, carne en desencarne, cáscaras rodantes, objetos en desuso, casi casi cementerios que hablan y caminan. Pero, aún con esto y más, son y somos, o seremos, también y sobre todo, sencillamente humanos. Pasión y fuego, realidad y mito, imagen y palabra, carne viva que arde y fuego apasionado, pero hay, y hay, desde luego, poesía, buena, excelente poesía, como esta con que Adriana Tafoya contempla a los seniles. Una mirada de dulzumbre con algo de piedad –que no de compasión--, por los que sienten de cerca los pasos de la muerte.

Por todo esto y por lo demás, gracias Adriana.

 

Diciembre de 2005.

domingo, 14 de junio de 2015

Entrevista de Joel Gustavo Rodríguez Toral a Adriana Tafoya (en Neorema)


Entrevista a Adriana Tafoya por Ivan Rey


¿Qué significa para ti poesía?


La poesía significa las raíces más profundas del inconsciente humano, y su relación con todo lo que lo rodea. Es el significado en sí mismo, naturalmente expresado de esas trasmutaciones interiores. La poesía es una introyección visual que se proyecta hacia el exterior con un nuevo sentido.

¿Quiénes son tus influencias poéticas más importantes?

Para mí fue muy importante leer a Enrique González Martínez de niña, y de joven descubrí una inteligencia aguda en la poesía de Enrique González Rojo Arthur, nieto de González Martínez, naturalmente yo no sabía eso en aquel tiempo. Por supuesto que el poeta se nutre de todos los afluentes, tanto de la realidad como de las ciencias humanas; para mí la psicología ha sido un bastión para entender muchas cosas. El psicoanálisis en particular, y por supuesto, libros como La diosa blanca, de Robert Graves o La rama dorada, de George Frazer.

¿Crees en la musa?

Ni en los musos. La inspiración es un roce conflictivo que de pronto se resuelve y da claridad a una idea, respecto a las mil cosas que pasan por la cabeza. Esta resolución puede volcarse sobre un objeto, o sobre un ser vivo; puede tener diversos fetiches que le puedan dar forma al poema para desenvolverlo de manera clara, y así ver el sentido de lo que una acaba de “entender”, o al menos, ver más cercana la belleza que no había percibido antes. Pienso que más que musas, es la determinación y la voluntad.

¿Cómo es el proceso de escribir un verso, un poema o un poemario?

El principio es escribir un poema sólido, que diga, que tenga carne, que tenga contenido. Tener algo que decir. Eso me parece es primero. Luego vendrán los versos, con la suficiente persistencia sobre el tema que quieras desarrollar, así como la estética conveniente. Regularmente los poetas, como cualquier otro humano, viven por etapas, y esas etapas pueden significarse también en una serie de poemas, que pueden formar un libro. Por supuesto, lo que enriquece principalmente a un libro, es la experiencia del ser que escribe.

¿Cómo te diste cuenta que eso que traes adentro sólo podía salir en forma de verso?

Cuando noté que lo que escribía estaba en verso. Y cuando noté también la necesidad que tenía de desarrollar una musicalidad, un ritmo. Un halo seductor que pudiera ser buen conducto para comunicar cosas que de otro modo pasarían desapercibidas. Así me di cuenta que quería escribir poesía, escribiendo con la musicalidad que da el silencio que antecede y que continúa después de un verso.

¿Qué opinas de la situación editorial actual en México?

Hay un boom de editoriales, más que de poesía. Esto se puede constatar fácilmente en ferias del libro, festivales, y eventos de todo corte. Donde encontrarán muchos sellos nuevos, principalmente cartoneros, o artesanales, muchas veces hechos por el mismo autor. Sé por experiencia, que esto sucede por tres motivos principales; como siempre, porque el medio editorial es más restringido de lo que parece, y por cuestiones de ventas y de reputación, les es difícil arriesgar en plumas nuevas. En segundo lugar, por ejemplo, en caso de las editoriales alternativas, y muchas de las independientes, fueron creadas para cumplir una función equivalente, que es la de llevar a los autores cobijados por el Estado a otro perfil de lectores, y en otros casos, es satisfacer la necesidad de difusión, de grupos o colectivos, que bajo su sello editorial se dan a conocer. Hay que aclarar que muchas de estas editoriales, hacen libros como un medio de transición hacia otras esferas, o por un intento autogestivo o “independiente” que se entiende mal, pues muchas no tienen claro en qué consiste ese riesgo. Y por último, el creer que la edición es muy fácil y que cualquiera lo puede hacer, gracias a la tecnología pareciere que es bastante sencillo. ¿Por qué lo deciden así? Porque muchos no comprenden cuál es la función de un sello editorial. Y se contentan con tirajes de 50 o 100 ejemplares, no tomando en consideración el impacto que necesita su trabajo poético, por lo menos a nivel nacional. Lo ponen en su currículum y listo. Lo que es cierto, hablando de las editoriales en general, es que es muy difícil que puedan depender de sus ventas a secas, cuando editan poesía, pues es el género menos leído en el país.

¿De qué color escribes?

Mi poesía puedo definirla tal vez como un magenta. Y de ahí su pantonera es la forma en que se mezcla con todos los demás colores.

martes, 12 de mayo de 2015

La poesía como oficio y como lucha



Por Alejandro Reyes Juárez
[Tafoya, Adriana (2013). Mujer embrión. México, VersodestierrO.]

Imagen: Miguel Escabernal.
La poesía es un oficio. El poeta construye con palabras una obra; un mundo con un lenguaje que se niega a ser una máquina automática. En esta labor se articulan las distintas dimensiones de la experiencia del sujeto y con cada verso engarzado el poeta también se transforma; se reconstruye.
Al final del poema, el poeta es otro y el texto adquiere existencia propia; como espejo de significados múltiples se levanta entre dos extremos: quienes encontrarán en él un reflejo con el que se identifican y quienes quedarán desorientados, cuestionados o retados por lo que el poema expresa.
Mujer embrión, de la poeta, editora, ensayista y promotora cultural Adriana Tafoya, es una muestra de lo anterior. Este es un poema-libro en la que Adriana, o la voz lírica que crea la poeta, va germinando a cada palabra, verso y estrofa, hasta reconfigurarse en otro ser que se sabe en en el mundo de forma distinta y percibe las posibilidades de transformarlo.
Mujer embrión es un canto intenso, por momentos estridente y doloroso -como suele ser todo nacimiento- que desde la condición de mujer se pronuncia, consciente de ello: …en las sombras/ impregna con fervor el beso de su cuerpo/ mientras dobla lienzos/ inmacula gasas y delgados pliegues/ con manos introvertidas/ en las telas se entreteje/ concentrándose con lo poco pensado/ remueve y sacude polvo/ que se acumula nuevamente/ que se acumula eternamente/ y que es puño   es/ tierna tierra/ que ofrece/ el dulce fruto incoloro/ de un tiempo cautivo/ en fresca esfera de gajos.
De esta manera la escritura también se convierte en un espacio donde se entablan batallas. Éstas, aunque simbólicas, no menos reales, que pugnan por un mayor equilibrio y equidad; que sin percibirlo van modificando el mundo desde la misma vida cotidiana y sus intersticios. Batallas que son parte de muchas otras que se escenifican en lugares diversos del México actual. Entre éstas tenemos, por ejemplo, las de las niñas apropiándose de patios de recreo en pequeñas comunidades rurales para jugar fútbol; las de mujeres adolescentes haciendo del hip hop una herramienta para expresar su resistencia y rabia; la de mujeres que toman la decisión de construir proyectos de vida alejados de los dictados por los convencionalismos; las de las fotógrafas que construyen con su lente una mirada distinta sobre las propias mujeres; las de las amas de casa que rompen el cerco y arriban a los talleres de creación literaria para encontrar herramientas que les permiten comprender mejor su experiencia y expresarla. La poesía en este caso no es solo un oficio, es también una lucha; Mujer embrión es solo uno de los capítulos de ésta.
Estamos frente a un poema con un ritmo constante que exige al lector su atención para, por un lado, percibir toda su belleza y fuerza; su manufactura cuidada, los recursos poéticos empleados y las imágenes, muchas de ellas sorprendentes. Por otro lado, ir más allá de la estructura y la cadencia, para comprender mejor a la mujer que habla y el lugar desde el que lo hace; para observar con detenimiento la germinación que sucede ante nuestra lectura y en voz de la poeta: …Ahora/ eres paraiso             eres infiernos/ equilibrio de lánguidas opiniones/ que impulsan un oculto criterio/ pero lo que es       no es todo lo que eres/ ser subjetivo/ otredad/ constante transformación/ minuciosa unidad        de edad atemporal/ transparente y lúcida…
Germinación que es decisión; después de cuestionarse el “estado natural” de las cosas: …mujer      embrión      cigoto/ observa/ el mundo es más que una maraña de ideas/ es más que estallar el vientre venoso/ sofocando espasmos/ para dar un trasluz a la vida/ mucho más que desgarrarse/ en amoroso embeleso por un amante.
Proceso embrionario producto de la reflexividad -tan extendida en esta modernidad aunque tan poco aprovechada-; del desarrollo de la capacidad de verse en el mundo y actuar en cosecuencia. Al respecto menciona Lipovetsky (1999), que estamos ante la presencia, en esta contemporaneidad, de la tercera mujer, la cual supone autocreación femenina trascendiendo los imperativos sociales, donde, sin embargo, o como producto de ello, la variable sexo sigue orientando la existencia, fabricando diferencias de sensibilidad, de itinerarios y de aspiraciones.
Finalmente, germinación que es el resultado de lograr comprender que lo que se busca no está afuera, aunque así todo parezca indicarlo, sino dentro. Ahí está la llave que abre la puerta para darse cuenta de que la primavera ha comenzado, concluye la poeta en Mujer embrión.
La poesía es una caja de resonancia de una época. Sin embargo, cada poema es una mirada particular sobre ella, alrededor del cual se construyen múltiples significados por parte de los que nos encontramos con él, en el momento que lo hacemos. Entre la gran diversidad de voces que caracteriza la poesía mexicana actual, Adriana Tafoya apuesta por la búsqueda y por la ruptura desde el conocimiento amplio no solo del oficio de poeta y sus herramientas, sino desde la consciencia de ser mujer poeta.
Para concluir, espero este texto producto de la lectura y el diálogo sostenido con la Mujer embrión de la poeta Adriana Tafoya -que al final contiene solo otra perspectiva masculina sobre lo femenino- pueda constituirse en una invitación no solo para leer este libro, sino para adentrarse en la obra completa de Adriana y mantenerse al pendiente de sus publicaciones; de la poesía que seguramente seguirá fluyendo de su pluma. Espero sinceramente que así sea. Más que nunca hoy necesitamos de la poesía.
El Cerrojo Centro Cultural, México D.F., 7 de mayo de 2015

¿El lector posible de "Los rituales de la tristeza"?


Por Gerardo de la Rosa

Escribir es siempre un acto de fe (ustedes disculpen la similitud con Miguel Ángel Cornejo), reza el dicho que se ha popularizado en redes sociales. Eso ya es una especie de creencia sagrada. Escribir es el resultado de una fe, ¿cuál? La del lector. Se tiene fe a que el texto sea leído, sea ojeado y en el mejor de los casos sea comprendido. Ya Octavio Paz resaltaba esa complicidad entre el poema y el lector. Para que un poema sea en su naturaleza requiere del dialogo o comunión con quien pueda leer dicho mensaje. Así todas las cosas: son en cuanto entran en contacto con lo otro. En consecuencia, escribir es tener fe en que alguien (el otro si queremos) pueda leer lo escrito. ¿Y después? La comprensión del texto es la otra parte medular para el poema. Unos versos dicen o no dicen algo. Causan o no un sacudimiento en quien lee. Eso se debe principalmente al trabajo del poeta. Si el poeta rebasa su condición terrenal para lograr un dialogo con lo divino, con lo que está más allá del entendimiento, puede surgir un gran poema. De antemano sabemos que se requieren dos cosas para el poema: inteligencia y emoción. La primera aporta el saber cómo decir; y el segundo qué decir. Siempre será gratificante como lector (posible) que en un poema confluyan ambos elementos; más aún, en todo un libro de poemas. En la tradición poética mexicana, la poeta por antonomasia es Sor Juan Inés de la Cruz. Luego, sobresalen algunas poetas como Dolores Castro, Elsa Cross, Enriqueta Ochoa, Margarita Michelena, Thelma Nava, entre otras. En la poesía casi contemporánea (aunque el término suene a cliché) están por ejemplo, Malva Flores, Isolda Dosamantes, Marta Favila, entre otras (y conste que no cito otros nombres nomás para no alargar esta presentación, que bueno, igual se me escapan por ahora). En esta poesía reciente, desde luego que podemos incluir a la poeta Adriana Tafoya. Adriana Tafoya, en su más reciente libro, Los rituales de la tristeza, ofrece una prueba de lo que he mencionado líneas arriba. ¿Que qué hay de novedoso en su poemario? Veamos. La poesía escrita por mujeres suele caer una postura feminista, cuando no superficial o con temas que van de lo meloso a los improperios. En este libro no hay nada de eso, quizá el título ya nos da cuenta de ello. Los rituales de la tristeza no evoca al tema amoroso en la mejor de las acepciones. Nos habla más bien de algo triste y de un ritual para esa tristeza. Sin embargo, allí está el truco. Sin duda todo el libro nos deja un buen sabor de boca. Hay poemas con alto sentido humano. Otros son osados y nos dejan ver a un sujeto lírico duro, feroz, profeta, adivinador de males (en lo personal esa parte del libro me causa más placer, porque deja ver un estado de ánimo más íntimo de la poeta). Algunos poemas funcionan como normas para hacer tal o cual cosa. Todos los poemas están hechos para disfrutarse, comprenderse y para cambiar algo en nosotros como lectores. De eso es capaz el libro. Todo esto, en un primer momento, respondería a la pregunta ¿por qué leer Los rituales de la tristeza? Si eso no convence, les propongo otra manera: leer los poemas disfrutando el simple hecho de la lectura. Creo que allí comienza todo. Así lo hice, como un lector que no sabe de nada (y en efecto, no sé nada), buscando sólo el sabor de la lectura en voz alta, en voz baja. Después de todo uno se preguntará al final ¿Qué hay en estos poemas? No son poemas de amor claramente, no habla del desamor ni menos de la muerte. La tristeza casi no es percibida como tal, pero sí está en el libro, de principio a fin. ¿Entonces, por qué el título Los rituales de la tristeza? En lo personal, puedo invitarlos a que lo lean y lo descubran. Yo ya lo hice. Descubrí que sí habla del amor, del desamor, del tiempo sobre los amantes, del acto carnal, de las injusticias de la vida, de la humildad del ser humano, del odio, de la profetización, del amor mal pagado, y sobre todo de la tristeza que en todo lo anterior existe. Finalmente, ustedes que pueden leer, leánlo.